Si nos permite el estimado lector, nos gustaría reformular un famoso dicho popular. Nadie es profeta en su tiempo… La historia también se trata de mirar una y otra vez los mismos hechos con nuevos lentes que nos permitan distintas lecturas. Casi 20 años después, tuvimos la grandeza de reconocer las virtudes del gobierno del Dr. Raúl Alfonsin y dejar los defectos de lado. Tal vez sea el momento de curar nuestras heridas y practicar el mismo ejercicio con la presidencia del Dr. Carlos Menem.
Si la historia argentina fuera una película, podríamos decir que los ‘90 sería una de las escenas más controvertidas, generadora de amores y odios. Era la época del 1 a 1, la pizza con champagne y los viajes al exterior.
El ex presidente Carlos Menem viajaba a Mar del Plata en una Ferrari, mientras que la Casa Rosada y la Quinta de Olivos oficiaban de sede de encuentro con grandes celebridades, como Madonna, los Rolling Stones y los Guns n’ Roses. Bajo la promesa de “Revolución productiva” y “Salariazo”, el riojano allanaba todos los caminos para convertirse en un rockstar de la política.
Mientras tanto, en el backstage de la década menemista crecía la corrupción y la desindustrialización. En esos años, la deuda externa alcanzó los 150 mil millones. También se realizaron las polémicas privatizaciones de las empresas públicas, hecho que la oposición llamó metafóricamente ‘la venta de las joyas de la abuela’. Esta operación y el cierre de diversas fábricas nacionales fueron los motivos principales del aumento del índice de desempleo.
Sin embargo, lo que propone esta nota es ir un poco más allá y sin dejar de ver las cuestiones negativas ya reconocidas, comenzar un camino de conciliación y recorrer juntos los puntos positivos que esta década dejó. Entendemos que se trata de un ejercicio de suma dificultad y será trabajado con mucho cuidado.
Haters abstenerse. No estamos diciendo que el neoliberalismo sea la solución que va a salvar al mundo. Lo que ofrecemos es poner un freno y mirar esos años con otros ojos, como ya lo hicimos con el gobierno de Raúl Alfonsin a comienzos del nuevo milenio.
Alfonsin
El 1 de abril de 2009, alrededor de 80 mil personas se acercaron al Salón Azul del Congreso de la Nación para despedir al ex presidente Raúl Alfonsin, quien había fallecido a los 82 años. En ese momento, poco importó la hiperinflación, la crisis económica y la entrega anticipada del mando presidencial. Tras su muerte, se abrieron nuevas lecturas y la opinión pública terminó de reconocer lo que el ex presidente aportó a la reconstrucción de nuestro país y nuestra democracia.
En primer lugar, dio inicio a toda la maquinaria de Memoria, Verdad y Justicia que continúa hasta la actualidad. El 15 de diciembre de 1983, apenas cinco días después de haber asumido, ordenó someter a juicio a nueve de los diez militares que integraron las Juntas. A esto se le sumó la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas con el fin de investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura.
Todo ese accionar le valió más de un enfrentamiento con los militares. Allí, Alfonsín tuvo que poner en juego toda su capacidad de negociación ante el riesgo de quiebre de la frágil estabilidad democrática. En ese contexto, tuvieron lugar las sublevaciones carapintadas. Hubo tres levantamientos militares. Sin dudas, el más recordado fue aquel ocurrido en Semana Santa de 1987 que dio lugar a su mítica frase: “¡Felices Pascuas la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina!”.
Menem
El 8 de julio de 1989, el riojano Carlos Menem asumió la presidencia. Dueño de una personalidad carismática, su vocación y cintura política le permitieron construir su poder desde un pueblo de una de las provincias más pobres del país. Rápidamente, leyó hacia dónde iba el mundo. La caída del Muro de Berlín dio paso a un nuevo panorama internacional en el cual el capitalismo parecía ser el único camino transitable.
El Plan de Convertibilidad pudo controlar la inflación, al hacerla descender de 1300% a 25% en apenas un año. A su vez, colaboró con la estabilidad en los precios y creó un contexto tentador para el ingreso de capitales. De esta manera, Argentina se abrió al mundo. Durante los ‘90, la inversión extranjera directa alcanzó los 75 mil millones de dólares y grandes multinacionales pusieron un pie en nuestro país.
Uno de los mejores ejemplos de esto es la industria automotriz. Fiat y General Motors invirtieron alrededor de 1000 millones de dólares al construir plantas con tecnología de punta. El mercado interno no paraba de crecer y llegó a superar las 500 mil ventas anuales.
La eliminación de aranceles, la inflación cero y las diferentes opciones de financiación fueron parte de la zanahoria. Era tal la conexión de Argentina con el mundo que se multiplicaron las aerolíneas que querían establecer nuevas rutas comerciales con Ezeiza, cuestión que iba de la mano con la cantidad de turistas argentinos que viajaban al exterior.
El coletazo positivo generado por el dólar estable y la apertura al capital también fue aprovechado por empresas argentinas. Durante esta década, Coto logró afianzarse como la mayor cadena local de supermercados, PeCom se convirtió en la mayor petrolera privada integrada del país y Arcor se consolidó como una de las productoras de alimentos más importantes de la región, al instalarse comercialmente en Perú, Brasil, Canadá, México y Colombia.
Otro de los grandes hitos de la época fue la consolidación de la clase media y su acceso a la vivienda propia. En 1991, las transacciones financieras tuvieron crecimientos inéditos, del orden del 300 al 400% anual, especialmente por el aumento de los créditos para adquirir inmuebles. Para 1994, los préstamos hipotecarios en dólares se triplicaron y llegaron a representar el 65% del total. Había detrás una fuerte confianza en la economía y una credibilidad en la paridad entre el peso y el dólar. Los argentinos no tenían temor en tomar una deuda en moneda extranjera ya que su sueldo en pesos les permitía afrontarla.
A nivel de las telecomunicaciones, hubo un gran crecimiento en la red de telefonía fija. Tener teléfono ya no era un privilegio de pocos. Los plazos de instalación del servicio se redujeron a menos de un mes y hacia 1999, la cantidad de líneas se duplicó y alcanzó los 4 millones de hogares. De hecho, tuvo que modificarse el Plan de Numeración Nacional para afrontar la alta demanda de nuevos números y características por zona. Por otra parte, se extendió el tendido de fibra óptica y en 1995, se inauguró el primer cable submarino que unía Brasil, Uruguay y Argentina. Este gran avance fue la antesala del lanzamiento del servicio comercial de internet por banda ancha en el país.
La política exterior fue otro de los puntos interesantes de la década. Menem se propuso terminar con los años de aislacionismo y convertirse en un referente regional. A su vez, promovió la formación del Mercosur e inició un proceso de cooperación comercial y económica entre la Comunidad Europea y Argentina a través de la firma de varios acuerdos.
Pero sin dudas, uno de los puntos más importantes fue el fin de los conflictos territoriales con Chile. El más recordado es la disputa de la Laguna del Desierto, aquella controversia limítrofe respecto a una porción de la Patagonia. El presidente entabló negociaciones con su par chileno y logró que la cuestión se resuelva con la intervención de un tribunal arbitral que falló a nuestro favor.
Si nos permite el estimado lector, nos gustaría reformular un famoso dicho popular. Nadie es profeta en su tiempo… La historia también se trata de mirar una y otra vez los mismos hechos con nuevos lentes que nos permitan distintas lecturas. Casi 20 años después, tuvimos la grandeza de reconocer las virtudes del gobierno del Dr. Raúl Alfonsin y dejar los defectos de lado. Tal vez sea el momento de curar nuestras heridas y practicar el mismo ejercicio con la presidencia del Dr. Carlos Menem. Seguramente, en los próximos años llegará el turno de hacerlo con los procesos histórico-políticos subsiguientes. Solo así, con la mirada hacia adelante y con un pasado despojado de rencores, vamos a consolidarnos como un pueblo orgulloso de su patria.
Publicada en Revista Estrategas