Lo que parece difícil de explicar es que para la toma de un préstamo al usuario podria no interesarle ni la tasa, ni el costo financiero. El principal ítem que valora es la inmediatez del dinero.
Parece el tema del momento, pero no es moda: cuando el ingreso no alcanza, aparece el crédito y hoy conseguirlo puede llevar apenas unos segundos.
Para muchas familias argentinas, recurrir a un préstamo dejó de ser una decisión excepcional. Las deudas se acumulan, aparecen gastos que no pueden esperar y, cuando el presupuesto del mes no alcanza, el crédito se convierte en una alternativa para cubrir esa diferencia. Si bien la solución actualmente está al alcance de la mano, no está de más evaluar si es realmente una solución.
El endeudamiento de los hogares ayuda a entender la dimensión de la situación. En Argentina, más de 20 millones de personas tienen algún tipo de crédito, según el Banco Central. La morosidad de las familias se encuentra en niveles récord: en junio, más del 12% de los préstamos se encontraba en situación irregular.
Este contexto no es una casualidad, se generó por el cambio radical en la forma de acceder al crédito.
Las billeteras virtuales redujeron de manera drástica la “fricción” para endeudarse: ya no hace falta atravesar un trámite bancario. En una de las principales plataformas del país, bastan unos pocos clics para obtener un crédito. Para las compras, el mecanismo es todavía más directo: al pagar se elige “Cuotas sin Tarjeta” y trámite terminado.
A esto se suma que los usuarios tienen, en promedio, más de una billetera. Mientras el crédito bancario exige un sinnúmero de requisitos y pasos antes de llegar a la aprobación, en una billetera el préstamo está disponible al instante dentro de la aplicación.
Pero que sea fácil no significa que sea barato.
Para comparar el costo entre entidades hay dos indicadores clave: la Tasa Efectiva Anual (TEA), que muestra cuánto representa la tasa de interés a lo largo de un año, y el Costo Financiero Total (CFT), que incorpora además otros gastos asociados.
En el mundo de las billeteras virtuales es importante saber que dos créditos por el mismo monto y en la misma cantidad de cuotas pueden tener costos muy diferentes según quién los otorgue. Además, estas condiciones varían fuertemente según quién sea el solicitante. Es que el algoritmo no solo analiza historiales crediticios previos dentro del mercado, sino también el estado de la cuenta dentro de su misma plataforma. Las personas que suelen tener saldos positivos importantes obtienen tasas más bajas que otros usuarios cuyo saldo promedio se acerca a 0. Por eso, la cuota no alcanza para comparar: el CFT permite conocer cuánto se paga realmente por el crédito.
Así aparece una situación que se torna difícil de explicar. Al usuario le pesa más la resolución inmediata de su problema financiero que el costo, aunque este nuevo compromiso se extienda durante meses o años. La facilidad convierte una decisión financiera en una acción cotidiana: elegir un monto, definir las cuotas y confirmar.
La cuestión adquiere otra dimensión cuando se analiza qué sucede con quienes no cumplen. El Banco Central publica un registro de deudores que reúne información aportada por entidades financieras y otros proveedores de crédito. Esos datos pueden ser consultados por otras instituciones al evaluar una nueva solicitud.
Esto abre la discusión sobre si las billeteras virtuales deberían continuar reportando los incumplimientos al Banco Central. Ya que la facilidad de adquisición podría hacer responsable a ambas partes. Un tema que tal vez deberá ser tratado en un ámbito legislativo.
Si pedir un préstamo lleva segundos, pero pagarlo puede llevar años, ¿hasta dónde llega la responsabilidad del usuario y dónde empieza la de quien lo otorga?
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